
Quitzé Fernández
Hubo que conocer a Almendrita, sonreírle: saludarla de beso para entrar a su puesto de la Vela Baila Conmigo, la cual organizan cada año en la colonia Séptima Sección. También, hubo que comprar un cartón de cervezas, para que el alcohol siguiera fluyendo, apagando el calor tropical que asfixia en el Istmo de Tehuantepec.
Y, además, hubo que aceptar el rechazo de Misteriosa – así dijo que la llamara -, por no saber bailar La Colegiala, esa noche finales de diciembre, en la que el vocalista del grupo Fantasía Tropical, gritaba en el micrófono:
“¡Y las manos van arriba, siempre arriba, arriba!”: ¡Cumbia! Y la diversidad sexual no dejaba de gritar y bailar y bailar cumbia, pura cumbiaaaa…
Nereida Charís Sánchez, coordinadora de eventos culturales del DIF Juchiteco, confió: “Son parte de nuestra sociedad, un día sin muxes sería muy triste”.
Porque en Juchitán, Oaxaca, municipio que se encuentra en la región denominada Istmo de Tehuantepec (Juchitán, Matías Romero, Lagunas, Salina Cruz y Santo Domingo Tehuantepec), muxes (mushes) son aquellos hombres que prefirieron formar parte de un tercer sexo, llamado de muchas maneras en el país: jotos, maricones, putos, chotos, gay´s.
Sólo que aquí, con 35 grados de temperatura y enfundados en sus enaguas, es común verlos en la cotidianeidad de toda actividad social, sin ser ofendidos, sin ser señalados.
Muxe, en Zapoteco, es como se les denomina, contó Nereida. Desde muy temprano, cuando los padres empiezan a notar cierta tendencia femenina en los niños, les llaman Gueu, que significa Coyote: “Es por que dicen que lo coyotes son miedosos, siempre andan en grupo”.
Nereida considera que los muxes son importantes dentro de la sociedad Juchiteca; distintas voces alrededor del estado de Oaxaca, aseguraron que el homosexualismo no se expresa abiertamente como en el Istmo:
“Son ellos quienes finalmente se quedan en casa con los padres, para cuidarlos en su vejez. Si no son ellos, no es nadie, porque nunca se van a casar”.
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En Juchitán, según el último censo de población, hay 85, 869 habitantes, cuyo dialecto es Zapoteco, sus letras lo mezclan con español. Lo sabe bien Angélica Fuentes Mayoral, Gely: hace 33 años nació siendo hombre. Cuando habla con clientes de su tienda de ropa, lo hace en Zapoteco, me atiende en español.
Entiendo que se queja de mi presencia, habla molesta con su cuñada mientras observa: “El tiempo cuesta, somos personas muy ocupadas”.
Gely es modista, diseñadora. Fue iniciadora de la agrupación gay civil zapoteca “Autenticas Intrépidas Buscadoras del Peligro”, quienes celebraron, nada más como pasatiempo, la primer vela de Las Intrépidas, hace 23 años:
- Teníamos como 10 años, nos juntábamos a jugar con muñecas: América, Ulises, Santiago, Giovanna, Dorís y yo, para nosotros era una vela, de ahí surgió la idea.
Vela, es como llaman a la tradición de la mayordomía, que es la actividad religiosa organizada para celebrar una fiesta patronal. En total son 26 Velas repartidas durante el año, Gely, explica que antes de una Vela, los organizadores (mayordomos) conviven, celebran misas, riegan frutas y flores por las calles, hacen una velada y después el baile popular.
La vela de Las Intrépidas es a finales de noviembre, la segunda vela muxe es el 28 de diciembre, denominada Santa Cruz, Baila Conmigo, Gely dice que es para la gente del pueblo; Intrépidas es en salón, asisten muxes de otras partes del país:
- La de las Intrépidas es internacional, Baila Conmigo es para la gente del pueblo, se hace al aire libre.
- ¿O sea que Intrépidas es fresa?
- Algo así, es más fashion.
Gely organizó durante mucho tiempo la Vela de Las Intrépidas, celebrada oficialmente en 1995: “Primero era convivio, como vela tiene 14 años. Yo fui la primer reina”.
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Gely fue el tercero de seis hijos, su padre, Cándido Jiménez Guerra, era y sigue siendo un hombre criado a la antigua. Anhelaba un varón: primero nació María Isabel, después María del Carmen, vino Gely, Víctor, María Magdalena y Zaira.
Gely prefiere no decir su nombre real; desde hace mucho es Gely, Gely se le quedará.
Supo en sus primeros años que su destino no era ser hombre: “Me gustaba ponerme vestido, papá era homofóbico, me pegaba, recibí muchos golpes físicos y morales”.
Lucila Martínez, su madre, sufrió en la infancia de Gely: “Me gustaba hacer cosas de mujer, mamá me escondía, decía: ‘Ya va a llegar tu papá, quítate esa ropa’. Ella me ayudó mucho”.
Gely contó que su papá le daba cosas de hombres, quitándole las muñecas de sus hermanas, incluso lo llevó al campo a trabajar, a cortar el monte a machete limpio, escurriendo sudor en sus manos ampolladas de cenicienta juchiteca:
“Pero como ser muxe no es gripe, no se me quitó”.
Pasaron los años, en su cámara lenta. Cansado de maltratos, en la adolescencia se rebeló, diciendo que no podía vivir de esa manera, que se iba para no volver.
Vinieron las discusiones, las culpas. Cándido Jiménez, gritó:
- ¡Si te vas, que sea de una vez!
Lucila intervino:
- Es mi hijo, nació muxe ¿Qué le vamos a hacer? De que lo exploten otras personas, mejor lo explotamos nosotros.
En la familia había esperanza, dijeron que hace muchos años hubo un familiar muxe que se casó y tuvo familia: “Al final mi papá aceptó, con la condición que no me pintara ni me vistiera como mujer, pienso que perdí muchas cosas, como una infancia feliz”.
A los 18 años ya se hacía cargo de la familia, cosía desde los 12 porque su madre y hermanas le enseñaron.
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Gely se siente orgullosa por realizarse como muxe, crea su propia ropa; un traje bordado a mano lo vende hasta en 10 mil pesos: “Me he liberado del fantasma de tener encima a la sociedad, que es una desgraciada”.
Para ella un muxe es aquel que está preparado para apoyar a la familia, para quedarse con los padres hasta el último día de su vida, también, dijo, es aquel que tiene una preferencia sexual distinta a los demás.
Aunque Gely necesita tiempo para cerrar capítulos en su vida, porque como ser humano faltan muchas cosas por superar: “En mi vida sentimental hay un vacío. A veces pienso: ‘¿Llegará el momento en que llegue a ser feliz?’. Por ver a la familia contenta, no he tenido todo”.
A veces, suspira, la gente se enamora de alguien que no sabe si es real, o producto de la fantasía.
Para asistir a la Vela Baila Conmigo, irá de invitada; ya no se encarga de organizar las veladas; conflictos personales entre los mismos muxes han originado a ello, incluso que la fiesta se divida en dos: norte y sur, dos calles distintas, la misma colonia
Esa noche se vestirá de traje típico. No sabe cuál usar, sólo que invertirá mucho tiempo en arreglarse:
- ¿Puedo fotografiarte mientras te maquillas?
- No sé. Ya veremos, sólo si me convences.
Preferí no insistir.
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A unas cuantas horas de que empiece la Vela, en la calle hay dos escenarios con bocinas. La música no deja de sonar: cumbia, pop, cumbia; tonos brillantes, chillones multicolores fragmentando la oscuridad; cerveza en las calles, mucha cerveza. América en su casa escuchando todo, maquillándose para la ocasión:
“Es como un concurso de belleza donde todos nos conocemos, ahí mismo nos destrozamos”.
América Pineda Esteva, alguna vez se llamó Rubén, un mes atrás fue la reina de Las Intrépidas: morena, pelo corto, piernas frondosas y depiladas; 32 años, 17 de nunca fallar a Baila Conmigo, pese a que tiene diez viviendo en el Distrito Federal, siempre regresa, trabaja en un departamento de diseño:
“Pienso en regresar para siempre un día, para cuidar a mis padres. Estudio cultura de belleza para prepararme”.
América sonríe al recordar frente al espejo, cuando en 1992 se transmitía Baila Conmigo, aquella telenovela protagonizada por Eduardo Capetillo y Bibi Gaytán: “Todos queríamos ser Bibi, su cuerpo nos gustaba mucho. Por eso le pusimos así a la vela”.
Brillo en la boca, aplica rimel en sus pestañas negras postizas: trae short y blusa negra, a la espera un vestido negro con blanco que ceñirá su cuerpo, porque esa noche interpretará a Thalía en el escenario, A quien le importa desatará los gritos:
“Quiero mostrar mis atributos con ese vestido, yo lo hice, tardé dos días. Es la noche en la que nos sentimos más liberadas”.
Considera que en Juchitán todavía hay machismo, nunca han sido totalmente aceptados, pero se han caracterizado de los otros 570 municipios del estado por expresarse: con su vestimenta, a través de las Velas:
- He pedido disculpas a Dios por encararlo, para mí es un orgullo ser muxe.
Todo porque América, a sus 13 años, lloraba mucho; lloraba en la cama: en las calles, con sus amigos: “Era muy noviera, lloraba porque quería a una persona de mi mismo sexo”.
Dejó en tercer grado la secundaria: no la dejaban ser mujer, aún así, a los 15 años causó revuelo en cada rincón del Istmo; enseñó a sus compañeras las tablas rítmicas para un desfile, también desfiló: vestido, vestida como sus compañeras:
- Salí en todos los periódicos, en las portadas. Todos hablaban de mí.
- ¿Qué te dijeron en la escuela?
- Me regañaron, no me dejaron ser mujer.
Aún así, tuvo su fiesta de quince años. La organizaron sus amigos, sus papás. Tuvo cuatro chambelanes que bailaron Castillo de Hielo, dos de ellos han muertos: “… Murieron de enfermedad, a los 28 y 29 años…”. Prefiere omitir los detalles.
Esa noche, como la de hace un mes en la que fue reina de Las Intrépidas, saldrá a la calle, maquillada, vestida, bella: “Es mi noche, así la siento. Y la voy a disfrutar”.
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En La Populosa Séptima Sección, llamada así por ser un barrio bravo, hay música, taxis llenos de pasajeros vestidos con colores brillantes, que cierran las puertas con cuidado para no estropear su atuendo: faldas cortas, ceñidas; sombreros de plumas, tacones, trajes tradicionales: amarillos, rojos, violetas, verdes, todo el arco iris en un frenesí:
“Riqui taca, riqui taca, riqui taca”, dice el animador de Fantasía Tropical en el micrófono.
Es necesario, para entrar a una Vela, ir invitado a algún puesto, y llevar un cartón de cerveza como regalo. Me toca estar en el de Amaranta Gómez Regalado, Almendrita, quien no tiene tiempo de atender porque va de un lado a otro organizando, verificando que a nadie falte nada. Sólo saluda.
Me dan dos cervezas, un plato con pescado frito, tacos dorados y ensalada.
Son las 11 de la noche, van llegando invitados con sus cartones. Hay dos escenarios para los grupos musicales, en la oscuridad el color azul de las luces del escenario refleja los rostros de los asistentes: muxes vestidos con traje tradicional, otros de minifalda y zapatillas.
En esta vela, Vinicia es la mayordoma saliente, tomará posesión Almendrita.
La reina de esta Vela: Julissa 1, baila un vals con sus chambelanes: gira, da vueltas, gira, alza los brazos, sonríe y vuelve a girar; la corona ciñe su cabeza, un vestido rojo acentúa sus facciones felinas.
Dice sentirse feliz, soñó mucho tiempo que este día llegaría.
Hay diez puestos en la Vela sur, otros diez en la norte. Esteban Espinoza, originario de Playa San Vicente, comenta que estamos en la sur, es invitado de Almendrita, la conoció hace muchos años atrás, es frecuente que ella vaya a su restaurante a comer pescado frito.
Para Esteban Espinoza es normal ver muxes, tiene arriba de 50 años, desde que era niño ha convivido con ellos y ha sabido respetarlos: “Aquí hay muchos, dicen que Dios andaba repartiendo jotos por todo el mundo, y la bolsa en donde los llevaba se rompió precisamente en Juchitán”.
Hay mucha cerveza, en la mano una, a la espera 5 porque no paran de servir, en el puesto comentan que se consumirán alrededor de 2000 cervezas (100 cartones), es decir, alrededor de 20,000. En las dos velas: 40, 000.
La gente baila en la calle, a las orillas sillas de madera para los invitados: botellas vacías, huesos de pescado, platos desechables, cumbia tropical, cuuuuuuuuuuuuuuuuuumbia y Misteriosa que quiere bailar porque observa de frente desde hace rato:
- Llámame Misteriosa.
- …No sé bailar…
Dos, tres pasos torpes, un pisotón: Misteriosa se va.
Las sillas han sido arrinconadas, pegadas a la pared. Todas las personas que puedan caber en dos calles, son las que están ahí: bailando, bebiendo, aplaudiendo, gritando, girando.
A las 4 de la mañana el ambiente sigue siendo noche. América aún no baila sus canciones de Thalía. Pasos zigzagueantes… Hubo que comprar un analgésico para el despertar del día siguiente.